Patricio Nbé Ondo
Ese es mi nombre, aunque como otros detalles de mi biografía, no es real. De alguna manera, soy un personaje de ficción. Cuestiones de seguridad, obligan a esta pequeña falsedad que no modifica los fines de mi página.
Soy de etnia bubi, vivo en Malabo y tengo algo más de 50 años.
Al igual que la inmensa mayoría de mis compatriotas, mi mayor deseo es que por fin Guinea Ecuatorial pueda acceder a un régimen democrático, libre de corrupciones, con una Constitución elegida libremente por el pueblo, y que pueda seguir una senda de crecimiento económico basado en el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales.
Además del respeto a los distintos grupos políticos de la oposición, a los que admiro y quiero alentar desde este foro, quisiera destacar el papel que considero que debe representar España para la consecución de la democracia, la exigencia del respeto a los derechos humanos y para el desarrollo económico y social posterior. Como persona que ha tenido oportunidad de estudiar en España (y después de haber sido español hasta la independencia), aprecio muchos valores de la sociedad moderna española, y no entiendo la actitud de olvido hacia sus antiguas provincias, la insuficiencia de los esfuerzos diplomáticos habidos y la impericia con que han sido empleados.
Durante el régimen de Franco, y también durante la democracia, se ha corrido un manto sobre Guinea, que ha contribuido a que dejásemos de existir para el mundo. Sin una opinión pública española o mundial a quien pudiésemos importar algo, sin una pequeña cuota de atención en los medios de comunicación mundiales fuimos masacrados impunemente por uno de los mayores y más desconocidos dictadores que ha tenido este siglo: Francisco Macías Nguema.
Más de 100.000 personas, un elevado porcentaje de ellas, de etnia bubi, fueron asesinadas de manera sumaria y despótica, o simplemente obligadas a salir de su país para conservar la vida.
Veinte años más tarde del fin del horror, la historia se repite. El actor principal es Teodoro Obiang, sobrino del déspota Macías. Teodoro, corrompido por las ganancias del petróleo, dirige una cleptocracia para el, su familia y sus amigos. Un régimen de chiste, donde sus propios hijos son ministros y a la vez "altos cargos" de las mafiosas multinacionales petroleras, y que provocaría la hilaridad, sino fuera porque está tremendamente teñido de sangre, y porque está condenando a la pobreza, a un país que cuenta con recursos naturales suficientes para ser uno de los más ricos de Africa.