EL DIFICIL CAMINO A LA DEMOCRACIA EN LOS PAÍSES POBRES.

Por Patricio Nbé Ondó

 

En décadas anteriores, el mundo estaba dominado por dos grandes bloques. El mundo libre o de los buenos, y el totalitarismo del comunismo de los malos. En el medio, estabamos a merced de las olas que levantaban las grandes superpotencias, lo que entonces se llamó Tercer Mundo. Tercer Mundo era un sinónimo de pobreza, pues como países no éramos dueños de nuestro propio destino. Todo lo más, se podía intentar sacar algo de unos y otros por arrimarse o no a sus "ideales". Hubo algunos dirigentes que eran verdaderos magos en esto como Sadat o el Negus. Claro que esa era la mejor hipótesis, porque también podías quedar bajo el fuego cruzado de su guerra nada fría, como Biafra, Vietnam o Corea, o bien padecer una perenne guerrilla financiada por algún bando como Angola, Mozambique o Centro América.

Cayó el muro de Berlín, o como le llaman algunos, se acabaron las ideologías. Bienvenido al mundo del dinero. De los tres bandos, pasamos a dos. El Norte y el Sur económicos. Una unificación mundial que trajo como vencedores a las multinacionales, que traspasaron las barreras anteriores para hacerse cargo de las colapsadas economías del bloque desaparecido y se han entregado a una concentración preocupante. Una especie de mitosis inversa, en busca de un único y exclusivo agente económico.

El resultado es que el mundo ya no se basa en un equilibrio, sino en un poder unilateral. Los estados modernos de los países desarrollados, están a merced del poder de sus propias multinacionales, que de alguna manera también participan del poder político usando su dinero en campañas políticas o haciendo valer su tremenda magnitud en términos de empleo o aportación al Producto Interior Bruto.

La moral, se basa ahora en un ideario no escrito, que se conoce como "lo políticamente correcto", y que es tan elástico como la ropa interior femenina. Unas veces una intervención militar en pro de los derechos humanos es justificable, y otra igual no. La frontera está en los intereses económicos, las relaciones (económicas otra vez) con terceros países implicados y en la presión de los medios de comunicación internacionales, que creen la conciencia necesaria en los ciudadanos como para que dicha intervención (siempre cara y con un probable aunque corto coste de vidas) tenga una recompensa en las encuestas de intención de voto.

El sur, tiene dos misiones importantes. O bien ser una fuente barata de recursos, o bien ser un mercado. En todo caso, hay que preparar el terreno teniendo bajo control los débiles gobiernos locales. No es tarea difícil. Son países sin tradición democrática, sin dinero para que el estado pueda ejercer como estado, con unos ciudadanos sin formación que han asimilado el ser siervos toda la vida... Sólo basta un empujoncito, para mantener democracias formales o dictadores reconocidos. Poco dinero y un poco de habilidad, es lo que se requiere para poder saquear un país.

Quizás los políticos demócratas tuvieran reparos o quisieran un continente africano libre. Pero bueno, las cosas no están tan mal... hablamos de Africa... y esos contratos que tenemos son tan buenos. Daremos algún dinero a las ONG.

Entrando en el ejemplo guineano. Guinea es un país de poca población (menos problemas), con una seguridad y tranquilidad social insólita para un país africano. Posee aguas para pescar, muchos billones de pesetas en maderas de calidad, en petróleo, en minerales sin explotar como uranio y oro. ¿De verdad creen que se lo van a dejar a unos negros para que lo administren?

Hace falta un individuo como Obiang, que venda tranquilamente el país y que se encargue de mantener el orden para que la piñata dure. Hoy en día las multinacionales sólo necesitan el solar. A los ciudadanos nacionales para nada. ¿Qué en una isla del Pacifico hacen falta 2.000 trabajadores para una fábrica de atún? No importa, se traen de Ceilán en un barco otros tantos muertos de hambre, se hace una ciudad para ellos y para que vuelvan a gastar su sueldo en la ciudad creada para ellos. ¿Qué hacen falta trabajadores petroleros en Guinea Ecuatorial? Se traen unos miles de Filipinas y se les mete en un barrio de Malabo. Las personas son lo que menos importa. Los guineanos se han convertido en unos bultos que viven encima de una bolsa de riqueza que no sabrían administrar.

Fuimos rehenes de nuestra pobreza. No interesábamos a nadie. Ahora somos rehenes de nuestra propia riqueza. Interesamos demasiado. Nadie nos va a ayudar y a arriesgarse en sus relaciones con Guinea solo por el hecho de que podamos disfrutar de una democracia.

¿Qué posibilidades hay de que todo esto cambie?

La primera opción, sería la de una evolución interna de la situación política, hacia una democracia. Hasta ahora, en muchos años, no se ha avanzado absolutamente nada. Las elecciones de marzo del 99, con pucherazo y mucho más, resumen la situación y las perspectivas de la apertura en Guinea. Desde dentro, no hay posibilidades de avanzar mucho más. No hay instituciones sobre las que trabajar y cualquier iniciativa de las fuerzas de la oposición se encuentran con una represión más o menos violenta. Por otra parte, hay rumores variables, sobre el verdadero alcance de la enfermedad de Obiang. Sea cual sea su verdadero estado de salud, el clan de Mongomo ya habrá previsto sucesor en la dinastía, sea Agustín Ndong u otro y de haber disputas entre facciones del actual poder, estas serían internas, sangrientas y no buscando una evolución hacia la democracia sino la prolongación de la situación actual.

La segunda opción, ante la imposibilidad de una evolución interna pacífica, es la de la presión exterior sobre el respeto de los derechos humanos y el derecho a la democracia.

Los países que tienen peso en la zona son dos: Francia y Estados Unidos. Tanto unos como otros, tienen en Obiang un excelente candidato. Sus multinacionales petroleras (Gulf y Elf) tienen buenos contratos y buenas perspectivas de seguir abriendo nuevos pozos en nuevas zonas.

Francia además, controla los países vecinos, y siempre nos puede castigar con una disputa territorial en los pozos petroleros del norte de Bioko o con las islas Elobey. Lástima que no demos acabado de hablar francés y absorbernos directamente. En el colmo del esperpento, han hecho a Teodorín, el hijo más tonto de Obiang, presidente de Elf-Aquitane de Guinea Ecuatorial. Justamente, al ministro de Minas y Energía. Sí señores. En el año 2.000, también se siguen haciendo estas bufonadas grotescas delante de la cara de todo el mundo (su papá ha dicho al diario El Mundo - ver web de Patricio -, que es porque el chico es listo, no por ningún motivo turbio).

Las multinacionales yanquis están tranquilas con su río diario de dólares. ¿Para qué tocarle a nada? Obiang ya ha prometido que habrá apertura hacia una democracia. Hay que tener fe en él y dejarle tiempo.

¿Qué es lo que nos queda para poder tener un pequeño país, pacífico, democrático, con un modelo como Belice, Surinam, o Fiji?

La eterna esperanza. España.

Llevamos toda la vida esperando a que nuestra metrópoli, que últimamente presume de haber intervenido en la resolución de grandes conflictos internacionales como Bosnia, Kosovo u Oriente Medio, nos dedique un poco de atención y le eche el suficiente coraje. Acabamos de ver como Portugal, que es un país con muchos menos medios, se partió el pecho diplomáticamente y consiguió (aunque no fue un camino de rosas) la independencia y la libertad del pueblo timorense. Aznar, como antes Felipe González, que han cosechado éxitos diplomáticos en todo el mundo como mediadores, no tiene ni idea de qué hacer. Se les ocurrió que para poder seguir estando por aquí, y no ser definitivamente barridos por los franceses y los americanos, se podían hacer cargo de proyectos sociales para ayudar al pueblo. Por lo menos reanudar la cooperación y poder seguir diciendo Guinea, aunque no lo parezca, fue España, y nosotros estuvimos aquí con unas responsabilidades. Eso, y mantener este reducto de lengua castellana.

Como la batalla con Obiang está perdida, se renunció a contrapartidas en el avance de la democracia. ¡Qué más da!. Total, si se pactara algo, Teodoro no lo iba a respetar. A los pocos días de firmar el acuerdo, el embajador español fue llamado "a consultas" para recibir una sarta de insultos, ante la "inutilidad" del gobierno español, que no sabe mantener callada a la prensa. Hasta ONG´s acostumbradas a trabajar con verdaderas dificultades como Médicos sin Fronteras, han tirado la toalla y se retiran. Compadezco a los cooperantes que van a venir, porque van a trabajar como siempre, intimidados y vigilados por la autoridad como si no vinieran a una noble labor.

El gobierno español, tiene que apostar fuerte y como es un gobierno, no puede limitarse a actuar como si fuera una ONG. Si hay que hacer cosas que a Obiang no le gustan, tanto peor para él, porque España no está a las órdenes del dictador. Pero no pensemos que la pelota está sólo en manos de España, de la ONU o de otras potencias extranjeras. Aun tenemos los guineanos mucho por hacer.

Una de las primeras medidas que debe hacer España (por facilidad de idioma, y por la enorme colonia de guineanos) es el reunir e identificar a todas las fuerzas democráticas. Luego, dales medios para poder expresar sus ideas, y para trabajar en conjunto en lo que sería un verdadero pacto por la democracia y una base jurídica, pero para eso, hay que olvidarse de las diferencias ideológicas actuales y poder sacar adelante algo prioritario, como es la transición política.

Este intento de formar un bloque democrático, hasta ahora ha fallado por la falta de alguien que arbitre las lógicas diferencias entre partidos – un líder quizás -, y por la falta de visión global de algunos dirigentes, cuando ya han cosechado éxitos como cuando la Plataforma para la Oposición Conjunta ganó las elecciones municipales del 95. La oposición guineana debe concentrarse. No tiene sentido la cantidad de partidos que intentan ganar protagonismo en un país en el que ni siquiera hay aun democracia, No hay un interlocutor (no me refiero a una persona, sino a una unidad de mando), sino muchos, y por tanto, las potencias extranjeras, apuestan por Obiang a pesar de lo absurdo de su régimen, ante la falta de alternativas. En la alternativa a Teodoro, ven una transición a una democracia que no está lo suficientemente perfilada, y eso no crea confianza.

Necesitamos ayuda exterior, pero para poder merecerla, necesitamos ganar en credibilidad a la hora de demostrar que lo fundamental y prioritario para nosotros es la democracia, y no los repartos de poder (que las urnas darán), y necesitamos de las potencias occidentales, la esperanza – promesas concretas - de que si nosotros podemos asumir una transición democrática, ellos harán la presión necesaria –no buenas palabras ni más de lo mismo que hasta ahora – para que el régimen nepotista, creptocrático y sanguinario de Teodoro Obiang desaparezca.