REFLEXIONES

Patricio Nbé Ondó


 

Siempre se ha dicho que España no fue una mala potencia colonizadora ya que siempre se ha preocupado más de extender la cultura y la religión por parte de religiosos, que de la depredación pura y dura como la que estuvo de moda durante la primera mitad de siglo. Resulta gratificante que al ser "colonizados" por gente ilustrada, el pleito sobre si los "salvajes" tenemos o no alma, se resolvió favorablemente en los primeros días. No obstante, la ignorancia seguía siendo mucha, y en un libro de texto español (de geografía) de 1.962, leo la siguiente frase sobre Bioco:

"sus moradores, como todos los del archipiélago, pertenecen a la raza negra. Suman unos 40.500 y dominan los bubis o boobis, holgazanes y viciosos, y los más degenerados de los negros, tanto en lo físico, como en lo moral, por lo que van desapareciendo".

En realidad, la frase es del libro "La Guinea Española", de Julio Artija, Madrid 1.930, pero mencionarlo como texto de apoyo en 1.962 me parece una estupidez sublime.

No sé porque el español medio tiene un conocimiento tan limitado de la realidad de Guinea. Después del desastre del 98, España centró sus últimas aspiraciones coloniales en Marruecos, donde sostuvo una guerra cruel y cara, por mantener su influencia y su prestigio mancillado. Sacrificó muchos recursos allí esta España pobre e ignoró sus derechos en el Golfo de Guinea. Hasta 1.900 no se produjo una ocupación real de los territorios de Guinea sobre los que se le habían concedido prerrogativas. Tal era la desidia, que los más de 300.000 km2 de soberanía que se le reservaron en un principio, fueron reducidos en cada conferencia internacional, al no ocupar España sus parcelas. Francia no fue tan pasiva y ocupó lo cedido (el actual Gabón) hasta llegar a las fronteras de hoy.

Guinea siempre fue un territorio aparte, con unos funcionarios muchas veces forzosos, unos encomiables religiosos en los que descargó España la formación cultural y espiritual, y una serie de hombres de negocios, que convirtieron Guinea en su finca privada de cacao y maderas.

Pese a lo sombrío que pinto el panorama, los guineanos por el trato con los españoles, por el nivel de vida y educativo alcanzado antes de la independencia y por las infraestructuras que se establecieron (y más teniendo en cuenta el propio nivel de subdesarrollo de España), estaban en unas condiciones muy superiores a las de muchos pueblos de Africa para acceder a la independencia.

Si España fue una buena potencia colonizadora - cualquier análisis negativo hay que ponderarlo teniendo en cuanta en la ideología europea de la época -, como potencia descolonizadora, dejó bastante que desear. Por un lado, apresuró la independencia, para poder cumplir con los mandatos de la ONU. La ONU, tenía un inusitado interés en acelerar una independencia que no era urgente por la estabilidad del país, frente a otras descolonizaciones más conflictivas y violentas. España tenía mucho interés en acatar las resoluciones de la ONU, para poder tener más fuerza en su contencioso con Gibraltar.

El resultado fue que no se tuvo en cuenta la voluntad de los bubis de Fernando Poo (que se lo expliquen a Edmundo Bossio), los mensajes y los resultados de las distintas elecciones (en especial las autonómicas), fueron confusos y mal explicados a la población. España, empleó mal su influencia (a pesar de la emisora de televisión que se instaló a tal efecto) y Bonifació Ondó, última esperanza blanca, fue derrotado. Quedó vía libre para que la rata de Macías se hiciera con el control absoluto, echara a los españoles, cerrara el país al mundo y exterminara a sus nuevos vasallos a placer.

España lo resolvió mirando hacia otro lado y decretando el silencio a todos sus nacionales. El que ideó tal burrada como "política nacional" no puede ser más necio y el resultado más desastroso:.

Sin España, nadie defendió la vida de los guineanos opuestos a Macías (lo cual los hizo crear odio hacia España). Macías era un anti - español militante (los esbirros de Macías odian España), y los españoles residentes en Guinea, fueron atemorizados o expulsados directamente.

Durante la dictadura de Franco, se podía esperar cualquier cosa, pero Y en la democracia ya constitucional?

Los políticos españoles de "la España de las Autonomías" siguieron repitiendo muy contentos los slogans del "no al neo - colonialismo" y demás historias mientras los muertos y exiliados sumaban. Francia hubiera ocupado el palacio de gobierno Guinea Ecuatorial, ahuyentado al dictador, impuesto un régimen democrático (o casi) y devuelto la "independencia" cuando todo estuviera en orden. Algún precio se hubiera tenido que pagar - que Francia no hace nada gratis -, pero hubiéramos tenido una oportunidad.

Cayó Macías Nguema, y España volvió a apostar por Obiang Nguema, que es el nombre comercial de la versión 1.1 (leído uno punto uno) del conocido Francisco Macías.

Duró poco el idilio. Teodoro es retorcido y múltiple como su tío fusilado y pronto logró desquiciar a la pacata diplomacia española. Teodoro aprendió además cual es el punto débil de España. La cultura latina - española, libra un pulso mundial con la anglosajona por el poder de los medios de comunicación y la extensión de la lengua. Y por una vez, parece que los del idioma de Cervantes ganamos terreno en tierra extraña. Cómo vamos a perder en único reducto de español de Africa? Obiang aprende francés a marchas forzadas. Nos alineamos con los francófonos y el idioma francés se declara cooficial mientras los españoles tratan de tranquilizarse.

Segunda mitad de los 90. Aznar, sin saber que hacer, se quedó quieto a ver que pasaba. La técnica del Don Tancredo. Pura filosofía española. Cuando la cosa ya no se sostenía más, este año, decidió "mover ficha" como dice él, después de que Obiang pasara de hacerlo y se riera de todos con las elecciones. Volvemos a lo de siempre. Democracia (o algo así) a cambio de unos duros.

Me alegro. Muchos miembros de la oposición democrática ponen peros a la reactivación de la ayuda española, pero yo la aplaudo. Son ayudas para infraestructuras básicas y para los más necesitados. Los españoles no sueltan la cartera de la mano, por lo que Obiang y su gente no se van a poder llevar casi nada. Ahora bien, que Aznar no se crea que va a ganar nada en el terreno político. A Obiang el dinero le trae sin cuidado si no es para él, porque el pueblo no le interesa. Si fuese así, habría repartido un poco del botín del petróleo.

Nos quedan unos años pues con el mismo baile (salvo quebrantos en la salud del dictador). Los mismos instrumentos de presión inadecuados. A Obiang hay que intimidarlo. Hay que demostrarle que también él puede acabar mal. En vez de caramelos multimillonarios, unas maniobras del Príncipe de Asturias y un grupo de combate de la Armada en el golfo de Biafra, un trabajo de investigación judicial con apoyo de grupos de la oposición sobre casos concretos de asesinatos y violaciones de derechos humanos y un tribunal "competente", y una denuncia pública tanto en medio de comunicación como en los órganos de la UE denunciando el apoyo económico y personal al dictador de las multinacionales francesas del petróleo, serían más eficaces y pondrían al bueno de Teodoro es una situación de mayor receptibilidad.

España tiene más intereses culturales, históricos y afectivos con Guinea que con Kosovo, donde tiene sus tropas (y dicho con el mayor respeto a los kosovares), y debe entender que a veces para hacer tortillas hay que romper huevos. También los guineanos deben olvidar sus clichés y sus fantasmas coloniales. No estamos en los 60. Estamos en la aldea global donde el derecho a ser ciudadano de una democracia es un hecho supranacional, y la presión o las hostilidades foráneas a Teodoro Obiang, no lo son contra el pueblo de Guinea, sino todo lo contrario. Son por el pueblo de Guinea.

No quiero con ello decir que se deba contemplar la opción de una intervención militar - aunque fuese con el control de un país o varios de sobrada reputación democrática y de las fuerzas democráticas guineanas - lo que quiero decir es que al matón, quizás hay que zarandearlo un poco para que se entere de que los guineanos no tienen dueño y solo pertenecen al mundo y a ellos mismos. Lo triste es la situación de desesperación de algunos compatriotas que les lleva a organizar aventuras tan tristes como la del MAIB u otras.